domingo, 4 de noviembre de 2012


Capítulo 9. Lágrimas incontroladas

Ya estoy camino de Mollet, no paro de pensar como iría ayer la conversación de Dani y Cris y en la que mantendré yo hoy con Miki. En mi casa solo mi hermana sabe que estoy con Dani así que es la única con la que puedo hablar de toda esta situación.
Estoy ya en Mollet, en la plaza están mis primos, las niñas se acercan a saludarme, los niños están muy ocupados en un partido de fútbol. Llego a casa, saludo a mis padres, a mis tíos y a mi cuñado y subo a mi habitación seguida por mi hermana. Me ayuda a deshacer la maleta, una vez que terminamos nos sentamos en la cama y ya si, me pide que le explique lo que está pasando. Saco fuerzas de donde puedo y le cuento con todo detalle la historia, y termino llorando abrazada a ella.
-No sé que hacer tata, snif, no quiero verle, snif.
-Shh, tranquilízate Anna, tú lo hablas con él y si la cosa se pone fea estaré yo aquí para ayudarte, ¿vale?
-Vale, snif, gracias.
-De nada peque, y ahora lávate la cara y vamos abajo.
Me retoco un poco el maquillaje para disimular los lloros y bajo con toda la familia, todos me dicen lo bien y lo guapa que estuve en El Hormiguero (son mi familia, que van a decir). Va pasando la tarde, Miki llamó para decir que mejor quedábamos mañana. Llega la hora de cenar, yo llevo todo el tiempo pegada al móvil esperando la llamada de Dani. Una vez hemos cenado subo a mi habitación, me pongo el pijama y me acuesto esperando la llamada. Me duermo sin novedades y con muchos nervios por lo que pasará mañana.
Son las once de la mañana, me lavo los dientes y voy a desayunar, al verme bajar mi hermana me lleva a un rincón del comedor para hablar conmigo.
-Anna, ha llamado Miki, ha dicho que vendrá a las doce.
-¡En una hora! Esto es una pesadilla.
-Tranquilízate y recuerda lo que hablamos ayer. Desayuna y vístete rápido. –Hago caso a mi hermana y a las doce menos cuarto estoy lista, él llega diez minutos tarde y como no se lo reprocho.
-Llegas tarde. –Digo yo en tono de enfado.
-Lo siento es que… -Le corto.
-Sin peros Miki, es un pueblo en diez minutos te los has recorrido tres veces. Qué querías.
-Quiero arreglar lo nuestro, sé que el otro día no estuvo bien presentarme de esas maneras en tu casa pero hoy podemos hablarlo.
-No hay nada que hablar, ya te lo dejé claro el otro día.
-Pero Anna…
-¡No! Ni pero Anna ni nada, no hay más que hablar Miki, no quiero volver contigo.
-Está bien. –Dice triste. –Peor dime al menos que no es por el imbécil de Dani.
-No tengo por qué darte explicaciones de nada.
-¡Entonces es por él! Lo sabia, ¡¿Pero qué le ves a ese chaval?!
-¡Primero! Se llama Dani, no imbécil ni chaval y segundo no he dicho en ningún momento que fuera por él. –Digo irritada.
-¡Tampoco lo has negado!
-¡Me largo de aquí! ¡No quiero volver a verte! –Tras decir esto vuelvo a casa y subo corriendo las escaleras sin poder contener más las lágrimas. Atranco la puerta de mi habitación como cuando tenía quince años y no quería que me molestaran y llamo a Dani, necesito oír su voz.
-¿Anna? Siento mucho no haberte podido llamar de verdad lo siento.
-D.da i.ig.igual, snif.
-¡¿Qué te pasa?!
-A.acabo d.de hablar con Miki, snif.
-Shh, cálmate princesa no llores.
-No puedo más Dani, snif, necesito que estés aquí conmigo, snif.
-Sabes que nada en el mundo me gustaría más que estar allí contigo pero no puedo, tengo reunión, y además, salvo tu hermana nadie sabe lo nuestro, no me puedo presentar así sin más.
-Ya, snif, ya lo se, snif, ¿por que tiene que ser todo tan complicado?
-Lo siento cuqui, de momento es lo que hay, el lunes nos vemos y me lo cuentas todo ¿vale?
-Está bien. –Digo ya más calmada. -¿Tú que tal con Cris?
-Bien, hice lo que me dijiste, la dejé con mucha dulzura para que no sufriera.
-Por lo menos uno de los dos siguió mi consejo, porque yo no lo he hecho así precisamente jejeje.
-Jajaja, bueno te dejo, me voy a comer que a las cuatro empiezo la reunión y me quedan unas cosillas por repasar.
-Vale cari, muchísima suerte. Un beso. Te quiero.
-Y yo a ti princesa, chao.
A lo tonto he estado un rato hablando con Dani y ni me he dado cuenta que mi hermana lleva ya un buen rato llamando a la puerta. Le abro y le cuento todo. Después de otra charla con mi hermana vamos a comer, al terminar, me voy a jugar con mis primos y con mis sobrinos para despejar la mente y a lo que me doy cuenta ya es hora de cenar. Ya se ha pasado el sábado, sólo quiero que llegue el lunes. 

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